Jóvenes de Salesianos Atocha participan en el I Congreso Internacional de Cooperación al Desarrollo organizado por la Red de ONGD de Madrid y la Comunidad de Madrid. Cuentan la iniciativa realizada con Jóvenes y Desarrollo y reivindican la educación como motor de cambio.
“Los y las jóvenes necesitamos hablar de ciudadanía y de derechos”. No es solo una frase. Es una necesidad. Es una llamada. Y también una convicción que Ana Manzanero, alumna del Colegio Salesianos Atocha, compartió en voz alta en el congreso celebrado en Madrid.
Durante dos días, el congreso reunió a administraciones públicas, organizaciones sociales, universidades y especialistas en cooperación. Pero entre todos los discursos y mesas de análisis, hubo algo que destacó con fuerza: la voz de quienes están llamados a transformar el futuro.
Ana y su profesor, Aurelio Suárez, llevaron al congreso la experiencia que están desarrollando junto a Jóvenes y Desarrollo en educación para la ciudadanía global. Una experiencia que no se queda en el aula, sino que interpela, cuestiona y despierta conciencia.
“Me gustaría que estos proyectos llegaran a más jóvenes”, explicó Ana, poniendo palabras a un deseo que va más allá de lo individual: el de una generación que quiere entender el mundo y participar activamente en él.
Para Aurelio, la clave está en empezar desde los primeros años porque “la conciencia crítica no aparece de repente a los 18 años. Se construye poco a poco, a lo largo de toda la etapa educativa”.
Porque educar no es sólo transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de mirar la realidad con sentido crítico y compromiso.
Cooperar para no dejar a nadie atrás
La inauguración del congreso fue a cargo de Ana Dávila, consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, quien recordó que la cooperación al desarrollo sigue siendo una herramienta imprescindible para avanzar hacia sociedades más justas. “La cooperación es fundamental para defender los derechos de todas las personas y construir futuros con más oportunidades”, explicó Dávila.
En un contexto global atravesado por la incertidumbre, la crisis climática y el retroceso de derechos, el encuentro se convirtió en un espacio necesario para repensar el papel de la cooperación.
Uno de los temas centrales fue la educación para la ciudadanía global. Lejos de ser un elemento secundario, las personas participantes coincidieron en que es una pieza clave para generar cambios reales.
Durante el congreso se insistió en la necesidad de dejar de considerarla “la hermana pequeña” de la cooperación y apostar decididamente por ella como una política pública estable, bien financiada y con capacidad de impacto.
Porque cuando un joven entiende sus derechos, también empieza a reconocer los de los demás. Y ahí comienza la transformación.
Mirar el mundo de otra manera
Las diferentes mesas de diálogo abordaron cuestiones como la cooperación descentralizada, el protagonismo de los actores del Sur global o los desafíos actuales del sector.
En la ponencia marco, Manuela Mesa, directora de CEIPAZ, sintetizó el horizonte hacia el que avanzar y explicó que “la cooperación que necesitamos hoy es la que construye sociedades más justas, igualitarias y sostenibles”.
Pero más allá de los conceptos, el congreso dejó algo claro: el cambio no vendrá sólo de las administraciones y las organizacioens. Vendrá también, y sobre todo, de jóvenes como Ana, que quieren entender el mundo y contribuir a transformarlo.





